Crítica de Open Windows de Nacho Vigalondo (2014)

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De todos es conocido la simpatía que despierta Nacho Vigalondo entre los críticos y profesionales del medio. Un romance que el director cántabro no logra trasladar a un público al que no termina de convencer su cine. Y desde luego no es por falta de apoyo mediático ya que el director es una autentica celebridad en redes sociales, pero su nuevo film Open Windows con nombres como Elijah Wood o Sasha Grey ha resultado un auténtico fiasco en taquilla. ¿Qué pasa con Open Windows?

El film nos cuenta la historia de Nick, un joven webmaster que regenta la fanpage de la conocida actriz Jill Goddard. Nick ha ganado un premio que le permite cenar con la actriz que idolatra justo después de la presentación de su nuevo film. La llamada de un extraño llamado Chord le anunciará que la actriz ha cancelado la cena con Nick por mero capricho. Chord le ofrecerá  a Nick la posibilidad de vengarse espiando esa noche a la actriz desde su ordenador. Nick aceptará en un impulso morboso que le llevará a verse envuelto en una increíble trama criminal manipulada por Chord para secuestrar a Jill.

Pero más importante que lo que cuenta, es cómo se cuenta. Nacho Vigalondo ha decidido que toda la acción transcurra a través de un sistema multiventana de webcams que visualizamos como si fuera la pantalla de un PC. De esta manera la cámara va recorriendo la pantalla a medida que la acción se enlaza en una ventana u otra. Un novedoso método narrativo acorde a la era de internet que para darle coherencia al guión Nacho y su colaborador Daniel Más emplean los cánones del found footage. Llamativo también resulta el inicio del film en base metacine utilizando una ficticia película llamada Dark Sky rodada por un tal Richie Gabilondo (cameo del propio Vigalondo) que sirve para presentar al personaje de Jill Goddard. Unos minutos de puro cine fantástico ochentero que además cuenta con los cameos de Raul Cimas y Carlos Areces. Después de tan llamativa secuencia inicial nos adentramos en una trama que desde luego bebe del giallo italiano y del thriller de los años ochenta, dónde prevalece la importancia hacia la forma en decadencia a la coherencia del guión. Todo parece caer en lo excusable para dar funcionamiento, dinamismo y sentido al sistema de multiventanas en el que se basa el film. Previsiblemente aquí radican las principales debilidades del film: un guión tramposo e inverosímil cuyos puntos de giro cada vez resultan más intragables. A favor tenemos una buena reflexión sobre el morbo, la idealización y el verdadero rostro que no vemos de las personas que viven tras la pantalla. En cambio las actuaciones de Elijah Wood y Sasha Grey no dejan de ser pasables. Elijah ha encontrado un hueco en el cine de género dónde parece encontrarse muy agusto pero lo cierto es que es un actor que no termina de brillar. Sasha Grey, actriz que viene del mundo del porno, tiene esta etiqueta de la que no se desprende aunque ya tiene un buen número de películas comerciales en su haber. La chica es indudablemente guapa pero como actriz deja muchísimo que desear. Sin duda Nacho ha decidido explotar el lado más morboso de la actriz pero también nos ha dejado secuencias cuya actuación es totalmente ridícula. Decisiones que Nacho no ha tomado a la ligera pero si con poco acierto como la de terminar esclavizado por su propio y novedoso sistema de narración multiventana. Un sistema que vive de su planificación pero muere en la nulidad de su montaje para después tomar aire con una cuidadísima postproducción.

Nacho Vigalondo es un director de género. Y los amantes de género fantástico agradecen la sintonía que sienten con el director y disfrutan con su cine. Pero el público generalista es incapaz de conectar con los gustos del director a pesar de contar habitualmente con repartos muy llamativos, en este caso incluso con nombres internacionales de cierto peso. Tampoco ha conseguido llamar la atención a los más jóvenes que suelen acudir al cine en masa y podrían disfrutar del film y su multimediática narración igual que disfrutan de sus smartphones. El público que acude en masa al cine no recuerdan con nostalgia los ochenta, ni conocen los cánones del giallo por eso no conectan con el cine de director. Un hecho que preocupará a las productoras pero que a nosotros amantes del cine no nos dejará de congratular.

 

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