Crítica de Afterparty de Miguel Larraya (2013)

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Es un caso de nuestro tiempo la influencia de las series en el cine contemporáneo. Es fácil recordar en el marco norteamericano, el pasado Oscar a mejor actor masculino para Matthew Mcconaughey, dónde resultaba difícil distinguir si el premio fue concedido por Dallas Buyers Club o fue por su espectacular trabajo en la serie True Detective. Las series norteamericanas gozan de buena salud y calidad, algo que no podemos encontrar habitualmente en nuestra producción audiovisual nacional. La retroalimentación televisiva se torna opuesta en nuestro país, sobre todo cuando encontramos productos como Afterparty que se nutre directamente de nuestra televisión y no precisamente de su mejor lado.

Afterparty nos cuenta la historia de El Capi, un joven actor en la linea del peor Mario Casas. Idolo adolescente por su papel en una serie llamada Campamento Misterio no duda en usar su fama para vivir de fiesta en fiesta y de chica en chica. Un día despierta resacoso en una casa desconocida dónde pasó la última fiesta en la noche anterior. Pronto descubrirá que está encerrado en ella junto con tres chicas con las ha pasado la noche. Los nervios se apoderarán de ellos cuando empiezan a recibir vídeos en un móvil con asesinatos a manos de una persona vestido como el villano de su serie. El estilo de vida de El Capi se tornará contra él cuando las chicas que le acompañan irán muriendo a manos del asesino. Sin duda era de esperar que todo fuera una pequeña broma orquestada para hacerle escarmentar, pero la broma terminará teniendo letales consecuencias en un acto final que roza lo ridículo. Un Slasher que adormece más que asusta con unos personajes sobreactuados y de complejidad plana que deja tocado de muerte todo el pobre interés que pueda haber despertado este título.

Un thriller adolescente tan fácil y burdo no podría venir de otras manos que no fuera Telecinco Cinema, lo cual explica esa retroalimentación de series estilo El Barco, Los Protegidos o similares. Su director Miguel Larraya y su experiencia como realizador televisivo y de series como HKM (Hablan, Kantan, Mienten) no ayuda a dotar el film de una identidad y lenguaje cinematográfico, más bien se dedica hacer su labor del modo más laboral que ha aprendido trabajando en televisión. Tampoco el juvenil y poco experimentado reparto repleto de rostros televisivos bastante secundarios resulta de gran ayuda si se quiere realizar un film y no un telefilm. Ni siquiera Rocio León, una de las musas del movimiento #LittleSecretFilm logra dotar a la historia de credibilidad, interés ni mucho menos terror. Algunos dirán que el perfil del público objetivo serán los adolescentes que consumen estos productos televisivos, pero no logro imaginar que joven pueda verse atraído por un producto cinematográfico tan pobre frente a una cartelera que ofrece todo tipo de producciones mejores, tanto en calidad como en mero entretenimiento. Cada euro gastado en producir, rodar y promocional un film como este que en su primer tercio abusa de las escenas sexuales para después buscar al Scream más fácil y tonto, es un euro que se ha tirado a la basura; o peor aún en el bolsillo de algún listo.

La producción de televisión nacional tiene aun mucho camino por delante para llegar al nivel de producciones internacionales. Por suerte nuestro cine goza de mucha mejor salud. Pero si se invierte dinero en producciones que son un fracaso económico desde su concepción, escogiendo entre lo peor de nuestra televisión (o sea telecinco) el resultado no debería coger sorprendido a nadie. Huid de Afterparty y de todo lo relacionado a ella, y rezad porque se invierta dinero en producciones cinematográficas de calidad.

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