Crítica de Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo (2007)

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Desde su irrupción mediática con 7:35 de la mañana, la figura de Nacho Vigalondo ha ido creciendo hasta resultar casi omnipresente. No solo como cineasta, sino como personaje de la cultura alternativa, popular twittero, showman bloguero y hasta músico. Cómo director estrenó el año pasado su ambiciosa (y poco repercutida) Open Windows, su tercer largometraje hasta la fecha; pero hoy queremos revisar la que fue su opera prima dentro del largometraje: Los Cronocrímenes. Un film muy personal y muy de género que hizo justicia (o no) a las expectativas que levantó su cortometraje nominado al oscar. Repasemos sus virtudes y defectos.

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Los Cronocrímenes nos presenta a Héctor, un hombre de mediana edad acomodado que se ha mudado con su mujer a una nueva casa situada en el bosque. Un lugar idílico que Héctor planea disfrutar con sus prismáticos desde el jardín. Así descubre a una bella joven que se desnuda en el bosque misteriosamente. Cautivo por la escena decide internarse en el bosque hasta encontrar a la joven inconsciente. Cuando pretende socorrerla es atacado por un hombre con la cara vendada y armado con unas tijeras. Aterrado comienza a huir del enemigo hasta que se hace de noche. Finalmente encuentra refugio en una extraña casa cuyo dueño le ofrece ayudarle metiéndole en una máquina. Cuando Héctor sale de la máquina descubre que ha viajado en el tiempo hasta el comienzo del día. Habiendo dos Héctor en la misma realidad temporal, nuestro trágico héroe se las tendrá que ingeniar para arreglar la paradoja temporal en la que se encuentra inmerso con cuidado de no cruzarse con su otro yo y de paso intentar salvar la vida de la joven y de su mujer. Una trama que se complica aún más cuando Héctor realiza un tercer viaje temporal y se descubre la identidad del misterioso enmascarado.

Un film pequeño, con sólo cuatro actores, escenarios minimalistas centrados principalmente en los bosques de euskadi y un guión enrevesado con múltiples viajes temporales son las señas de identidad del film debut de Vigalondo. Con un comienzo que parece querer evocarnos al Blow Up de Antonioni, descubrimos con la evolución del film que Vigalondo se encuentra más cercano a Regreso al Futuro y el cine de videoclub. Un golpe sobre la mesa con el que posiblemente el director aleje a gran parte del público de 7:35 de la mañana, pero que a la vez acerca al grueso de su generación. Una personalidad comiquera, que queda aún más presente con el diseño del personaje enmascarado, y el desarrollo de pura ciencia ficción: ese género tan olvidado en el cine español. Es posible que la película tarde en comenzar y su ritmo parezca al principio lento, pero una vez conocidas las reglas de la historia, el espectador se puede relajar disfrutando como todas las piezas comienzan a encajar con la esperanza de que el director se guarde algún as en la manga como giro inesperado. Karra Ejalde, Bárbara Goenaga y Candela Fernández están decentes en sus interpretaciones, destacando sobre todo a Karra cuya interpretación crece a lo largo del film. Mucho más discutible es la decisión de permitirse Nacho Vigalondo un papel secundario dentro del film, algo que  termina pesando demasiado y deja la sensación de ser una decisión totalmente prescindible aunque no empaña al resto del film.

Un début con gusto a puzzle que resulta divertido si aceptas entrar en el juego. Quizás no sea apta para todos los públicos, per sin duda gustará a los que esperan un cine nacional distinto y arriesgado. Un gran inicio para un director que sigue creciendo a pesar de que el público no siempre le acompañe.

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