Everest, la épica congelada

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Tras los últimos años, parece que los títulos que abren la Mostra de Venecia, tienen un asiento de lujo en lo alto de los Oscars. Así ocurrió en 2013 con Gravity y el año pasado volvió a repetirse el fenómeno con Birdman. Sin embargo, este 2015 la película encargada de abrir la Mostra era Everest, y tras ver el resultado final del film, opinamos que sus iniciales aspiraciones para triunfar en los Oscar podrían ser una montaña aún más alta que la que da nombre al film cuya crítica os traemos hoy.

Everest narra la tragedia que aconteció en la montaña más alta del mundo el año 1996, cuando un grupo de alpinistas quedaron atrapados en un temporal intentando coronarla. La película se ha adaptado del bestseller internacional «Mal de Altura» que escribió uno de los supervivientes de dicha expedición, el periodista Jon Krakauer. El film, dirigido por Baltasar Kormákur (2 Guns), cuenta con un reparto de lujo lleno de pesos pesados de la actuación como Jake Gyllenhaal, Emily Watson, Josh Brolin, Robin Wright o Keira Knightley entre los nombres más conocidos. Sin duda la suma de tantos nombres conocidos junto con la promesa de presentar un espectáculo cinematográfico capaz de dejarnos sin aliento, fueron la llave que consiguió que un director tan mediocre alcanzara la inauguración del festival de Venecia. Lamentablemente el film ni asombra visualmente, ni tampoco proporciona interpretaciones dignas de recordar. El espectador que acuda al cine buscando un film que retrate lo magnificencia de la montaña más alta del mundo, se encontrará con una fotografía muy pobre que no consigue destacar en absoluto cuándo debería habernos dejado sin aliento. Además nos resulta imperdonable que la película abuse de efectos digitales CGI para retratar el aspecto de la montaña, dejando una sensación de ser más un mal y poco creíble decorado que una cima inalcanzable salvo para unos pocos. La otra gran decepción que encontramos en Everest, es la mala resolución de la épica planteada en un film que aspiraba a emocionarnos mucho más. La culpa no la tienen los personajes, ni tampoco los actores a pesar de que ninguno consigue brillar ni hacer nada meramente recordable. El problema radica en su guión y en la propia concepción del film. Everest emplea más metraje en presentar a los personajes fuera de la montaña que enseñarnos la difícil adaptación a la que se tienen que someter durante más de un mes los alpinistas. Algo que puede parecer prometedor, pero que se pierde en escenas poco intimas, algunas hasta confusas y otras preconcebidamente cursis. Una vez en la montaña y tras plantear una serie de problemas entre los distintos grupos de alpinistas, que resulta ser unas inmensas lagunas de guión, la película se sumerge en un drama caótico que muere ante la insuficiencia de épica. Todo resulta demasiado confuso. Tanto los errores que propiciaron la tragedia como la inesperada separación de los personajes. En el último tercio del film, la voz coral de la historia acaba siendo recogida por unos inesperados personajes que hasta entonces no habían tenido una presencia llamativa terminando de dispersar toda la emoción que queda finalmente congelada en una montaña helada. Es cierto que el film tiene algunas escena potentes pero no camuflan el sentimiento confuso que alberga su cierre.

Everest se pierde en la tragedia y deja sin atar tramas, personajes, y cualquier sentimiento levantado durante sus dos horas de duración. Nos quedan las dudas sobre las motivaciones que han llevado a su director a realizar esta obra, pues su obsesión por recrear la tragedia no nos deja ningún mensaje salvo la vida perdida por los alpinistas que perdieron la vida. Un mensaje un tanto pobre en un film que pretende mostrar emociones llevadas al límite de la vida y la muerte. Uno no puede no rescatar de la memoria, el magnífico documental de Pablo Iraburu y Migueltxo Molina llamado Pura Vida, dónde narran el intento humano e internacional por salvar la vida de Iñaki Ochoa de Olza atrapado en lo alto del Annapurna. Un relato brillante y emocionante, que destilaba belleza, humanidad y sentimiento. Justo lo que es incapaz de mostrar Everest. Un film de cartón piedra con sentimientos que se congelan a cada minuto y se terminan perdiendo en la memoria.

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