La modernidad en ‘Kiki, el amor se hace’ de Paco León

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Desde que Paco León abrió su corazón y a su familia en su primera aventura como director en Carmina o revienta, han pasado unos años en los que el reconocido actor de series de televisión se ha consolidado ya como nueva promesa del cine español como director. Con su siguiente película Carmina o amén, que seguía la línea de la anterior y también está protagonizada por su madre, Carmina Barrios, y su hermana, María León, contó con la producción de Telecinco Cinema, entre otros, y la imagen y los recursos se vieron recompensados en una película irónica, personal y técnicamente mucho mejor a la primera. Ambas eran ideas originales del andaluz, pero ahora se ha unido a Josh Lawson, guionista y director de Little Death, la película original, y con Fernando Pérez, guionista esencial de Aida donde ambos trabajaron para crear la adaptación de la que ha surgido Kiki, el amor se hace.

La sinopsis de la película cuenta varias historias sobre amor, sexo y filias sexuales distintas a las que estamos más acostumbrados a ver en cine o a escuchar en la vida real. Los personajes son: Natalia (Natalia de Molina) y Álex (Álex García) son una pareja joven que está en su primer año de relación cuando ella le confiesa su gusto un tanto peculiar para conseguir el orgasmo. Paco (Paco León) y Ana (Ana Katz) son una pareja que ha perdido la chispa del amor y para ello mezclan en su vida a Belén (Belén Cuesta) una joven sin ningún tipo de pudor y amiga de Paco de toda la vida. María Candelaria (Candela Peña) y Antonio (Luis Callejo) son un matrimonio llegado a la madurez que buscan un hijo, su vida son las ferias y el día a día con pocas innovaciones y cambios su rutina. José Luis (Luis Bermejo) y Paloma (Mari Paz Sayago) son un matrimonio que vive en un chalet, él es cirujano plástico, ella vive resignada en casa en una silla de ruedas por un accidente. La acompaña su asistenta filipina, Loreley. Sin vida sexual ni ganas de nada, por un accidente, José Luis volverá a disfrutar del amor con todo su esplendor. Y la última pareja la forman Sandra (Alejandra Jiménez) y Rubén (David Mora) quienes se conocen a través de un call-center de traducción de lengua de los signos de llamadas telefónicas. Sandra, de tan especial que es, sobrepasa los límites y mantendrá unos requisitos en su pareja ideal y su estilo de vida que sin duda hacen dudar al más enamorado.

Paco León Ana Katz Belén Cuesta

Todos ellos son Kiki, o más bien, Kiki es todos ellos con sus gustos y sus deseos ocultos en lo que respecta la sexualidad y la vida misma. Y es que, por muy raras que parezcan las filias, todo es humor y todo es verdad. Uno de los aspectos que primero nos llamó la atención de la película fueron los nombres, la mayoría de los personajes mantiene sus nombres reales, mientras hay algunos que no. Quizás no es nada relevante, pero para nosotros este simple detalle afecta y mucho a la percepción de la película, porque la acerca aún más, la dota de realismo y le da seriedad cuando el humor impera en pantalla. Todos ellos están espléndidos, naturales y muy metidos en sus papeles: La juventud, la crisis de un matrimonio apagado, accidentes y traumas, todo ello forma parte de la vida misma, todo ello nos rodea, pero en sus personajes todo adquiere otro significado a través del amor que profesan a cada persona con la que se entrecruzan. Natalia y Álex son los dos jóvenes que por amor lleva a su relación a la locura, sucumben a la filia sin pudor pero con cierta torpeza y es que se les va tanto de las manos que terminan en el hospital. El arte que tiene León construyendo el guión de la película se manifiesta en ellos por lo absurdo de lo que hacen por gustarse y lo fácil que es aceptar a los gustos de la pareja. Ellos dos son los protagonistas de la primera magistral escena con la que abre la película. Hipnótica y llena de vida, de puro sentido animal, nos atrapa de tal forma que hace que el espectador se zambulla de lleno en la película nada más empezar. El montaje y la música son dos personajes. De los demás personajes no podemos destacar solo uno, porque todos encajan en sus roles y nos explican los problemas que viven con intensidad. La gran Candela Peña se enfunda los leggins y las camisetas básicas para ser una mujer de unos 40 años, cansada de todo, que busca quedarse embarazada de cualquier manera. Ella sola en escena es poder, pero es que además tiene un guión que le viene como anillo al dedo para lucirse y desmelenarse. Nos da humor, nos da tristeza y nos da alegría, todo casi con 5 segundos de diferencia. Luis Bermejo y Mari Paz, José Luis y Paloma, son la otra pareja que más nos conmovió. El amor puede desaparecer cuando uno de los dos miembros pierde el sentido en su zona erótica (por llamarlo de alguna forma) mientras el otro miembro de la pareja desarrolla la somnofilia, así que plas, una historia con bastante humor negro, con un final que roza la violación pero donde termina venciendo el amor. Ambos actores se complementan plenamente, la frialdad y el odio casi que se pueden cortar en el aire, pero para ello está la asistenta, la que da el toque de humor y la que hace el chiste. Un aspecto relacionado con esta pareja es el acto del sexo en sí y el mensaje que se transmite: «¿que dirás? ¿que tu marido te desea?» y es que si, luego la conversación termina robando su corazón y el nuestro y la asistenta rompe el hielo final, pero no se nos ha pasado por alto el mensaje un tanto problemático respecto el sexo entre una pareja, el amor, los sedantes y contra la propia voluntad.

Alexandra Jiménez

Como habitantes de esta increíble metrópolis que es Madrid, multicultural, moderna y con ganas de ser lo más aventajada posible a las demás ciudades europeas nos ha gustado el mensaje crítico con una sociedad realmente contraria a todo este sentimiento de lo que pretende ser. Una ciudad que reúne gente de toda España sobre todo, algunos extranjeros, que busca nuevos horizontes pretendiendo eliminar los prejuicios sin éxito. Pero es que no deja de ser una ciudad llena de barrios donde la gente hace vida como tal, buscando las costumbres, los mismos sitios (aunque siempre hay algún día a la semana disponible para descubrir el club de moda, la tienda de ropa del momento o tomar una cerveza en algún bar castizo de toda la vida). León retrata a través de la libertad sexual, del tabú o de la libertad de expresión sobre esa modernidad. La falsedad y el postureo versus la felicidad que nos proporciona ser uno mismo, dejando esos prejuicios fuera y quedándonos, como hacen sus personajes, con la sinceridad y el amor (a uno mismo y a los demás).

Dos elementos de la película que casi son un personaje más son la estética y el vestuario, con los que construye un mundo completamente personal dotado de tanta personalidad que nos enreda en su vitalidad y en su para nada convencional mezcla de colores, texturas y gustos. La escena en el bar entre Paco, Ana y Belén, la casa y la vida de Sandra o la escena en el bosque entre Álex, Natalia y su hermana y cuñado son algunos de los ejemplos donde León invierte creatividad para crear un espacio propio y con tanto potencial que los colores o los matices se mezclan con los actores. Y el montaje, que empieza muy muy muy potente con la escena en la cama, acaba siendo bastante más sobrio que las dos anteriores, incorporando en este caso el nombre y las descripciones de cada filia en cada caso.

No nos ha gustado, nos ha encantado y sobre todo enganchado con su música, al estilo del tráiler, que se vuelve pegadiza y nos transporta al verano, al calor y al preciso intente post sexo con mucho amor. Paco León ha demostrado que se desenvuelve más que bien en una idea que no ha sido gestada por él, con un reparto coral en el que él mismo se incluye y al que pone la guinda un tono cercano, proximidad y valentía con la cámara que lo coloca en el podio de lo mejor a tener en cuenta en cuanto a directores. Lo que empezó con su madre y su familia ha terminado soltando a la criatura que llevaba dentro y con ello reivindica temas cotidianos, temas con los que todos nos sentimos identificados y con los que podemos encontrar comprensión o incluso respuestas. Kiki, el amor se hace no es solo la tercera película de Paco León es una oda al amor a uno mismo, a no tener miedo a expresarse y a descubrir porque de cada uno es la voluntad de querer ser feliz, y si para ello hay que investigar, pues se investigan nuevas formas, por que no vale la pena amargarse si con algo tan simple como demostrar y dar amor seriamos felices todos los días. Como los bonobos.

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