Cine

La fantasía como vía de escape en ‘Un monstruo viene a verme’

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Escuché en la radio: llevaros un paquete de Kleenex para ver esta peli, y pensé que exageraban, que no sería para tanto. Me equivoqué, y al final de la película eché en falta los kleenex. J. A Bayona ha creado, basado en la novela de Patrick Ness, un cuento de niños para un público adulto con un trasfondo muy duro pero lleno de fantasía e historias que te hacen reflexionar.

La vida de Conor (Lewis MacDougall), de 12 años, no es nada fácil ni en el colegio ni en casa. Los compañeros de clase se meten con él siempre que pueden, sus padres están separados, su abuela, interpretada por Sigourney Weaver, es una especie de sargento que no le deja tocar nada, y vive con su madre (Felicity Jones), enferma de un cáncer que va de mal en peor. Con este panorama, Conor se refugia en el dibujo para evadirse del dolor que lo rodea, y es el dibujo el que le ayuda a enfrentarse a una situación por la que ningún niño de su edad tendría que pasar.

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En medio de la noche, mientras Conor dibuja, el tejo centenario del cementerio que tiene cerca de casa se despierta para hacerle una visita. El árbol-monstruo, a quien pone voz e interpretación Liam Nesson, es enorme, sus infinitas ramas y raíces crujen —con un sonido delicioso— a cada paso y el brillo rojo de sus ojos en ocasiones asusta y en otras es cálido y entrañable. Lo primero que me pasó por la cabeza al verlo fue que se parecía —quizá demasiado— a Groot, el personaje de Marvel, pero aun así me convenció porque deja bien claro que los monstruos no siempre dan miedo.

A Conor se le aparece su particular Groot para contarle tres historias, y Bayona nos las cuenta en forma de acuarelas, combinando así la realidad y la fantasía y ligándolo con la pasión por el dibujo del niño. Los protagonistas de las tres historias y los hechos que suceden en cada una no son lo que parecen, y hay que leer entre líneas para entender que no todo es blanco o negro, sino que hay que aprender a ver los matices que definen la realidad. Son estos cuentos los que ayudan a Conor a no rendirse y a enfrentar todo lo que se le echa encima; con ellos logra entender que la vida no siempre es un cuento de hadas y que hay que aprender a avanzar pase lo que pase. Y lo más importante: el monstruo se encarga de sacarle la verdad que lleva dentro y que lo aterra, y gracias a esto lo libera de la angustia de su día a día.

Contaba J. A. Bayona en una entrevista que Conor no tiene miedo del monstruo porque su vida da mucho más miedo que él. Es por eso que no solo no le teme, sino que se convierte en su amigo, en alguien a quien aferrarse. Gracias a él logrará hacer frente al destino de su madre; no será fácil, pero el viejo tejo le ha enseñado cómo salir adelante.

Hay que reconocer que en ocasiones la película busca la lagrimita fácil con la música y está enfocada toda ella a que al espectador se le haga un nudo en la garganta, pero también es cierto que el tema que trata es muy duro y, de hecho, no necesitaría la música para ponernos el corazón en un puño. Lo que queda claro, al fin y al cabo, es que la fantasía y la imaginación son las mejores aliadas para salir de situaciones que te superan.

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