Cine

Shin Godzilla y el resurgir del cine Kaiju

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Cuando en 1998, Hollywood adaptó bestia del cine nipón bajo la terrible mirada de Roland Emmerich, Japón sintió que uno de sus mitos había sido traicionado. Dos años después, la Toho respondía a la aberración de Emmerich lanzando Godzilla 2000, que iniciaba una tercera antología de películas actualizando el mito de Godzilla para un nuevo milenio, sin perder de vista todos sus valores clásicos. Hollywood tomó nota y en 2014, volvía a probar suerte con el monstruo nipón, esta vez bajo la acertada mirada de Gareth Edwards. Y aunque el film fue más fiel a los cánones del cine Kaiju, Japón le criticó un mal llevado sobrepeso a Godzilla y una sobrecarga de ideales norteamericanos. De nuevo dos años después, la Toho contraataca a Hollywood con un nuevo film de Godzilla que abre una nueva etapa del monstruo nipón dentro del cine. Como plató fuerte del proyecto, la Toho decidió contar en la dirección con Hideaki Anno y Shinji Higuchi, que ya habían colabora en la que sin duda sigue siendo la mejor serie de mechas y Kaijus del anime japonés: Neon Genesis Evangelion.

Shin Godzilla es el resultado de este nuevo esfuerzo que no solo resucita a Godzilla dentro del cine japonés, sino que lo hace a lo grande, devolviendo la grandeza que se merece el rey de los Kaijus. Godzilla vuelve a ser una potencial amenaza para Tokyo y no un protector ante la llegada de otros monstruos. Desde su primera evolución nacida en el mar, sin manos y con unos ojos que se le salen de las órbitas, hasta su última y aterradora forma, Godzilla lo destruye todo en su viaje de la costa hasta el centro de Tokyo. Por supuesto no falta su aliento atómico como defensa ante el ejercito nipón. Pero lo brillante del film corre a cargo del maestro Hideaki Anno escribiendo un soberbio guión tan divertido como ágil, dónde la importancia no radica en las escenas de destrucción a manos de Godzilla sino en las infinitas reuniones del gobierno nipón donde intentan paliar la crisis con la creación múltiples comités de emergencia. Es en el endemoniado ritmo de estas escenas dónde encontramos al Hideaki más reconocible, pero también en la habilidad de realizar un relato coral, dónde el verdadero protagonista del film es el pueblo de Japón y su identidad ante la doble amenaza de Godzilla y la influencia política de Estados Unidos. Porque dentro de Shin Godzilla hay mucho terreno para la crítica. Crítica a los infinitos trámites gubernamentales que imitan los modelos de occidente y no logran solucionar nada. Crítica también a la generación gobernante por parte de la juventud, que irónicamente ha retomado los viejos valores nacionales. Pero no todo (o casi todo) es política e Shin Godzilla, también hay grandes dosis de monstruo y destrucción. Y por supuesto los efectos de Shinji Higuchi cumplen, que a pesar de contar con un presupuesto de sólo 15 millones de dólares, la película no desfallece visualmente en ningún momento.

Shin Godzilla cumple tanto en espectacularidad como en contenido, dejando un fuerte mensaje de una sociedad en denfensa de su identidad y sus valores. Idea que parece reflejarse fuera del film con la propia Toho defendiendo la figura de Godzilla ante la continuas intenciones de Hollywood de apropiarse del mito. Posiblemente Shin Godzilla no será del agrado de todo el público habituado a los grandes blockbusters, pero sin duda hará vibrar a todos los fans del Godzilla de 1954, y plantea una nueva y brillante era para el cine de Kaijus.

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