Cine

El largo camino para descubrirse a uno mismo en ‘Moonlight’ de Barry Jenkins

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Nacer, crecer, aprender y conocerse a uno mismo son las fases por las que cada persona pasa a lo largo de sus primeros años de vida. Para unos puede ser más complicado o fácil que para otros, y en esos momentos claves de desarrollo está lo que realmente importa para llegar a ser lo que esperamos ser. Moonlight es una oda a la vida, y a ese camino donde nada está escrito pero todo puede pasar, a través de tres épocas distintas en la vida de Chiron, un joven negro que vive en una comunidad de Miami. Junto a su madre Paula, drogadicta y prostituta, y gracias a la ayuda de Juan y Teresa, Chiron construirá su camino a base de palos, peleas, descubrimiento sexual e inseguridad.

La película está basada en una historia de Tarell Alvin McCraney, y adaptada a la gran pantalla por el mismo director, donde se aborda el tema a través de tres capítulos: Little, Chiron y Black, tres apodos para una misma persona. La historia busca la complicidad del espectador desde el principio, nos intenta hacer entender cómo es la vida en un barrio difícil de Miami donde la mezcla de culturas, las drogas y la infancia no son un buen aliado para un niño introvertido. Combinando distintas técnicas como: cámara en mano persiguiendo a los chicos mientras corren, la escena inicial de steadycam con movimiento circular entorno a los actores, escenas mudas donde hay que leer los labios o planos largos, son los mecanismos que el director de fotografía y el director han escogido para adecuar cada secuencia a su mejor forma de ser contada.

Los colores y las luces también tienen gran importancia: juegan con los colores cálidos y los fríos según la emoción que esconde la escena. Todo reluce por si mismo con un trabajo previo de gran envergadura. Hay varias escenas que se nos han quedado grabadas tras el visionado pero las vividas en el pasillo de la casa entre Little y Paula, su madre, o en el baño de la casa tras las palizas son dos ellas que más impactan, donde la fuerza traspasa la pantalla y se palpa la ira.

Otro aspecto que sin él la película no sería nada son los actores (actorazos) que forman el casting. Desde el joven Alex R. Hibbert, como Little, que empieza su carrera en el mundo del cine con una interpretación muy sincera, cruda y de gran peso social a sus espadas, hasta el nominado al Oscar Mahershala Ali, como Juan, quien ya tiene tablas dentro de la industria y ha visto recompensada su trayectoria con las nominaciones que ha recibido. No hay una sola interpretación que sea floja, al contrario, todos llenan la escena con sus presencias de tal manera que consiguen hacernos participes de una historia que seguramente esté alejada de nuestra realidad. Tanto dirección de casting como dirección de actores lo han bordado en sus elecciones.

Si el talento de cada versión de Chiron en sus tres fases (niño, adolescente y adulto) lo sumamos con la fotografía, la dirección de arte y un guión que evoluciona de forma natural, sin pretextos forzados, se obtiene Moonlight. Por eso os la recomendamos encarecidamente, aunque sí, trata el tema del despertar sexual entre dos chicos en una comunidad negra pero no debe echaros atrás para ir a verla, por que es mucho más que eso: es ser el pringado de clase e intentar arreglarlo, tener una madre que no cuida de ti y encontrar un padre en quien menos esperas, es crecer dejándose arrastrar por la sociedad y buscar el sentido aunque sea tarde. Dadle una oportunidad en días que os apetezca descubrir una pequeña joya narrativa, porque no os defraudará.

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