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‘Incerta Glòria’: la gloria nada incierta de Villaronga

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La guerra civil española ha sido tratada ampliamente en la literatura y el cine desde puntos de vista muy diversos; tanto, que a veces pienso que es el recurso fácil cuando un cineasta o un novelista tiene que sacar un producto y no sabe qué tema hacer. Y no digo que sea un tema ligero de tratar, todo lo contrario, pero es un lugar seguro por la variedad de emociones y detalles espinosos que lleva consigo y que se pueden enfocar desde muchas perspectivas. Joan Sales, en su novela Incerta glòria publicada el 1956, cogió uno de los muchos hilos, el del bando de los vencidos, pero sin discursos políticos ni partidarios de ningún tipo. Se centró en cómo afectó la guerra a los combatientes en el frente de Aragón y en los civiles que sobrevivían a la retaguardia de Barcelona, sin buenos ni malos, sólo personas sufriendo el infierno de la guerra, fueran del lado que fueran.

Incerta glòria es una obra fundamental de la literatura catalana que profundiza en la parte más humana de los que vivieron la guerra civil. Brevemente, la primera parte narra, de manera epistolar, el día a día de Lluís Brocà, un joven teniente del frente republicano; la segunda también son cartas, pero esta vez escritas desde Barcelona por Trini, la pareja de Lluís, a un buen amigo y personaje clave de la obra, Juli Soleràs; y la tercera parte son los recuerdos y vivencias de Cruells, un seminarista amigo de Lluís y Juli. Todo ello hace un repaso a fondo a cómo afectan los estragos de la guerra en unas vidas tan jóvenes truncadas de manera tan violenta, adentrándose en largos monólogos y reflexionando también sobre el papel de la religión. Pero llevar esta obra magna a la gran pantalla es una tarea seguramente imposible, y Agustí Villaronga lo sabe muy bien. Así, decidió acertadamente prescindir de todo el contenido filosófico y centrar la trama en cuatro personajes principales situados al frente de Aragón y a la retaguardia de Barcelona como contrapunto.

El personaje que le sirve de columna vertebral a Villaronga para articular la película es el de Carlana, una mujer madura dueña del castillo de Olivel, interpretada por Núria Prims (que vuelve a actuar después de ocho años lejos de la profesión). En un momento del film Juli se refiere a ella como “la mujer araña”, mote que le va como anillo al dedo porque es una mujer que teje sus hilos alrededor de quien le interesa para conseguir sus objetivos. En el fondo es una luchadora que sólo intenta sobrevivir y proteger a toda costa lo que es suyo: el castillo, la tierra y sus hijos, y para conseguirlo despliega todas las armas de seducción y pasa por encima de quien haga falta. Un comportamiento muy primario, el instinto de supervivencia, que sólo puede justificarse en momentos límite como lo es una guerra. Marcel Borràs interpreta a Lluís Brocà (renombrado Lluís Sales en homenaje al autor de la obra), el joven teniente que cae sin remedio en la telaraña de Carlana y cede a todos sus deseos casi olvidándose de Trini (Bruna Cusí) y su hijo, que las pasan negras en Barcelona, resistiendo como pueden el hambre y los bombardeos. Trini vive con su hijo, y con su hombre en la guerra sólo le queda el consuelo de las cartas que le envía pero de las que no obtiene respuesta porque Lluís está demasiado ocupado con Carlana. Sin embargo, hay alguien que cuida de ella y la ama como lo tendría que hacer Lluís. Aquí entra en juego el cuarto personaje, clave en la película y también en la novela: Juli Soleràs, a quien da vida de manera magistral Oriol Pla. Ya lo vimos en Ebre, del bressol a la batalla interpretando a un joven soldado republicano, y sin duda viene con experiencia para este tipo de películas, porque en Incerta glòria está que se sale. Juli Soleràs es un personaje inabarcable. Excéntrico, lleno de contradicciones, aparentemente despreocupado, desubicado… y sin embargo es el más lúcido de todos. Es plenamente consciente que la guerra es un despropósito, un “matarse como buenos hermanos” que no sirve de nada y, si hay suerte, se consigue algún momento de gloria incierta, pero ¿a qué precio? Entre ellos cuatro se tejen las pasiones y el amor vividos a través de la guerra.

La adaptación de Incerta glòria que nos proponen Agustí Villaronga e Isona Passola como productora (repitiendo el tándem de éxito de Pa Negre) está ubicada en las trincheras polvorientas del paisaje árido de las llanuras de Aragón que dan al film un aspecto de western. A esto se le suma el toque gótico del castillo de Carlana, saqueado por los anarquistas, ella en lo más alto vestida de negro como la bruja de un cuento, y la decadencia del monasterio en ruinas donde Soleràs desarrolla su obsesión por lo obsceno y lo macabro. En este monasterio la guinda la ponen los esqueletos de los monjes desenterrados, vestidos de novios y colocados representado una boda. Un trabajo magnífico de ambientación que refuerza la miseria humana de los que se han encontrado en medio de una guerra sin comerlo ni beberlo, y están obligados a tomar partido mientras se esfuerzan para sobrevivir aferrándose al amor, el orgullo o la absurdidad de la guerra. El colofón de la película son las interpretaciones viscerales de los cuatro protagonistas, que se comen la pantalla para mostrarnos cómo los ideales y las creencias no valen nada en medio de la barbarie, se desdibujan para salvarse a uno mismo, para sobrevivir.

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