La percepción de la realidad en la infancia con ‘La vida de Calabacín’

Cuando una película de animación irrumpe con éxito en el panorama cinematográfico, llevándose nominaciones y críticas tan excelentes como el caso de ‘Ma vie de Couragette‘ (La vida de Calabacín) no debemos pasarla por alto. Como pasa en muchas otras películas de animación, hay que advertir de ante mano que no es una película para niños. Es una película para padres, para adultos sin hijos, o adultos que tratan a los niños como criaturas que no entienden la realidad. La vida de Calabacín es una tierna pieza sobre un niño que queda huérfano y es llevado a un centro junto a más niños que, por las razones que sean, han acabado ahí, formando una familia más unida que con la suya propia.

Lo que más nos ha sorprendido de la película ha sido su sinceridad, la honestidad y transparencia que dedica para presentarnos la vida infantil y cómo vive un niño su infancia. No se corta en ser crudo y oscuro cuando trata la relación madre e hijo, tanto en guión, colores predominantes, o construcción del espacio. Dentro de la simplicidad con la que está realizada la película, todo tiene sus puntos característicos y su identidad, tanto la casa de la madre como punto negativo, la escuela como punto neutral y fuente de inspiración, las vacaciones y el descubrimiento de la nieve o la casa del policía y su nuevo y renovador espacio familiar.

¿Cómo consiguen ablandar el corazón del espectador? Con la sinceridad de los niños. Con sus respuestas sencillas, reales y directas que nos hacen darnos cuenta que se enteran de las cosas. La película trata de una forma muy directa cómo percibe un niño su entorno y la realidad junto a más niños, que es el punto interesante, que no es un niño y adultos sino que es entre iguales y, ademas, en la misma situación. Muchas veces las peores experiencias son las que más difíciles nos resultan de trasladar a los más pequeños, pero con La vida de Calabacín es más fácil entender cómo aproximarse a los niños. Resulta ser una puerta abierta al trato con los peques porque nos enseñan cómo atan cabos y cómo perciben lo que realmente pasa: siendo conscientes pero sin maldad ni consecuencias. Solo necesitan ser claros y directos, como el colegio, donde todos los niños se preguntan y se tratan sin temor a preguntar, queriendo saber por qué está ahí cada uno.

Adentrarse en La vida de Calabacín es un ejercicio personal donde se nos cuestionará, como adultos, el trato que damos a nuestros hijos, sobrinos o a cualquier niños con el que tratemos. Nos dolerá ver las tristeza sabiendo que es una realidad en muchas familias y en muchos países, y si vamos con criaturas pequeñas…igual no entienden nada.

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