Crítica de Proxy de Zack Parker (2013)

De todos es conocido que no todos los films que se presentan en los festivales de cine son fáciles de ver ni tienen una larga carrera comercial. El film de Zack Parker es uno de esos títulos que difícilmente encontrarán un hueco en la cartelera. Turbia y lenta, no resulta fácil de digerir, y no precisamente por ser un film incómodo o desagradable (como en su increíble comienzo parece prometer), sino por padecer de un ritmo austero e internarse en una trama que carece de objetivo. Un film que pudo ser mucho y se quedo a medias, que la condena a ser carne de festival.

El film comienza con una brutal secuencia inicial donde Esther, una mujer en sus últimos meses de embarazo, es asaltada de manera brutal al salir de su clínica. Tras la perder su hijo, Esther acude a un grupo de apoyo donde conoce a Melanie, una mujer que finge haber perdido a su familia y con la cual establece una relación tan intensa como llena de mentiras. La pareja real de Esther, Anika, no ve A partir de ahí nos adentramos en un thriller melodramático con tintes psicosexuales que no emociona, ni aterra, ni fácilmente entretiene. Zack Parker busca explorar acerca de las distintas formas de locura que puede engendrar la pérdida de un ser querido a la par que reflexiona sobre una sociedad americana necesitada de grupos de apoyo. Sus primeros minutos son los mejores de todo el film. El asalto es frío, brutal y carente de piedad hacia la sensibilidad del espectador. Una abertura estética y brutal que por desgracia el resto del film no apoya. Proxy posee además una secuencia central maravillosamente fotografiada en slow motion tan bella como peculiarmente absurda.  Absurda porque a pesar de su belleza se pierde en su exceso y coherencia. Las perspectivas se corroen y la exageración de un acting, ya de por si deficiente, sufre del exceso de metraje de la escena. Pese a todo no deja de ser un momento clave en el film, seguramente el segundo mejor detrás del fenomenal comienzo.

Zack Parker otorga el peso de la historia al trio de mujeres del film. Esther en realidad no desea ser madre sino que busca la atención que reciben las mujeres embarazadas. Melanie finge la muerte de su hijo y marido para obtener también atención. La pareja de Esther, a pesar de su dureza, es incapaz de valerse por si misma y cometerá cualquier acto por su pareja. En contraposición encontramos al marido de Esther, incapaz de afrontar sus propias pérdidas ni de sobresalir ante la sombra de las mujeres del film.

Proxy falla de sobremanera en su pobre ritmo, recurrencia al melodrama fácil y peca de prometer y no cumplir. El cambio de protagonista a mitad del film, recurso que ya usaba Hitchcock en clásicos cómo Psicosis o Vértigo, no funciona de ninguna manera aquí dañando de gravedad todo el interés que podría haber levantado en su comienzo. Un film cuidado estéticamente pero que acaba haciendo aguas en su guión y desarrollo.

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