El Lobo de Wall Street de M. Scorsese (2013)

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El Robin Hood que roba a los ricos para dárselo a si mismo y a sus colegas. Con esta frase, incluida en la película, define una de las periodistas a Jordan Belfort, broker del Wall Street que vivió el auge de la especulación a finales de los 80 y principios de los 90.

La historia esta basada en el mismo libro autobiográfico que publicó el mismo Belfort detallando cada aventura en su carrera profesional y que se representa por la voz de narrador que a veces nos cuenta los pensamientos y más verdades. Desde que termina los estudios hasta que se dedica a formar a agentes de ventas pasando por las estafas que realizaba en su compañía, Stratton Oakmont, un pletórico Leonardo DiCaprio interpreta al magnate que llegó de la nada al mundo de Wall Street.

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Podríamos definir la película (de tres horas de duración) con una sola frase: sexo, drogas y desenfreno. Pero claro está que hay muchísimo más. Leonardo DiCaprio está sublime en esta nueva colaboración con Scorsese, después de aparecer en pantalla el pasado año en The Great Gatsby y Django Unchained (de Tarantino), cuyas actuaciones dejan clara su avance profesional. Hace semanas leíamos a Pere Vall (Fotogramas) sentenciando lo que es obvio: «Con El Lobo de Wall Street, DiCaprio ya tiene su trilogía de millonarios en su filmografía» y nos encanta. Las manías y excentricidades de un trabajo impecable como H.Hugues, la distinción y elegancia que emanaba como Jay Gatsby se suman a la disparatada locura de Jordan Belfort. Un trabajo más que impecable de principio a fin, sobre todo con escenas como la de la sobredosis en el campo de golf. Que decir. No hay palabras al ver toda la planificación de planos, de técnica y de interpretación delante esa secuencia de unos 10 minutos de duración en que vemos al Jordan Belfort más desfasado. O tras la sinceridad extrema en el accidente con el yate con la frase: no pienso morir sobrio. Su personaje consigue casi eclipsar a los demás secundarios pero no es tal el caso con Margot Robbie (Naomi) y Jonah Hill (Donnie), como compañeros de vida y desfases. Ambos crean una evolución necesaria en sus personajes y la emoción traspasa más allá de la pantalla. Con Donnie lo que nos sucede es que nos da la sensación que es un personaje a explotar muchísimo más y que una condición suya que nos parece poco nombrada es el juego homosexual que da, pues son varios los momentos que en que se comenta, pero retrata perfectamente el secreto que vivían muchos hombres cuando todavía no recibían aprobación social.

Leonardo-DiCaprio-and-Jonah-Hill-in-The-Wolf-of-Wall-Street-2013No vamos a dudar del nivel de dirección, es increíble el trabajo que hace Scorsese entre tanto lujo y apariencia, sino que vamos a destacar sus marcas como director que es a lo que a todos a llevado a decir que El Lobo recuerda a Uno de los nuestros. La voz en off es sin duda una de ellas, pues a parte de la función de ejercer como autentico narrador sacado de la novela también es un recurso fácil que le deja crear momentos como la secuencia en Ginebra entre DiCaprio y Dujardin creada desde la voz en off y las interpretaciones de los actores. Ahí les vemos aguantar y crear espacio solo con su presencia. Otro momento recreado con esta marca sería cuando congela la imagen y mete voz, como cuando Belfort le regala el primer anillo a su primera mujer.

Otro elemento a destacar es el formato: a lo largo de la película experimenta con los límites de la pantalla de forma que crea el marco televisivo cuando los actores ven la televisión o hacen referencia a ella. Seguro que no olvidáis la escena de la fiesta en la playa, pues bien, ahí se les ocurre la OPV de Steve Madden y a toda pantalla veremos los anuncios con horribles muñecas de sus zapatos. O a nuestro querido Steve Urkel mientras esperan los efectos de los Loops. Todo conforma un organizado retablo de experimentaciones que busca meter al espectador de lleno en esa vorágine de locura. ¿Y la música? Que me decís de esa melodía cantada por Matthew Mcconaughey a modo de canto animal, demostrando y creando identidad. Sin duda una perla de la película.

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No vamos a dejar que la decisión de los académicos americanos nos afecte porque a nosotros nos encantó la película, está claro que nuestro único ganador habría sido Leonardo DiCaprio, pero es lo que hay. Podemos llegar a la reflexión que lo que se busca premiar, y es de entender, claramente, es un modelo a seguir, un personaje que pueda ser recordado o que aporte un mensaje, ya sea positivo o de esperanza o que haga repudiar a los que realmente han sido los que han creado la crisis social, antes que premiar o dar más éxito a personajes como el de Belfort, que mantiene hoy en día una importancia clara y que resulta susceptible de imitación. Porque, ¿cuál es el sentimiento con el que sale la gente de ver El Lobo? drogas y sexo, sin profundizar en lo terrible de la situación que es que fue real, que hubo gente actuando de esta forma y que era una forma de vida, llevada a cabo por pocos, pero existía.

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