Crítica de Las vidas de Grace (Short term 12) de Destin Daniel Cretton

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Grace es una joven que trabaja como supervisora en una casa de acogida para jóvenes. Junto a los demás colaboradores serán los responsables de ayudarles y procurar un entorno social tranquilo. Los problemas que ahí hay retratados van desde familias desestructuradas, padres violentos o problemáticos y jóvenes socialmente inadaptados. Short Term 12 (Las vidas de Grace) trata sobre la comprensión entre víctimas, entre aquellos que han padecido actos similares entre padres e hijos y la ineficacia en el momento de aproximación de los psicólogos, por muchos estudios que tengan.
Grace y Maison son pareja y además trabajan juntos. Son jóvenes y muestran una dedicación especial con los chicos, hasta que llega Jayden y Grace enfoca todo su cariño hacia ella. De su relación casi de amistad surgirá todo lo que las une, la verdad de cada una y sobre todo la verdad de Grace y la relación con su padre.

Es un drama repleto de emociones fuertes, cambiantes y volátiles como la vida misma. Sin embargo, todo es muy próximo, todo  parece cercano aunque no hayamos vivido una experiencia así. La planificación y los detalles con los que crean Short Term 12 la hacen tener una magia especial que consigue encandilarnos y hacernos llorar. Sin duda Destin Cretton consigue tocarnos la fibra con su forma tan sencilla de hacer cine y a su vez directa. También hacemos referencia al guión, donde predomina la cotidianidad, sin presunciones ni grandes filosofadas, y las localizaciones, que mezcladas con el gran trabajo de iluminación y fotografía consiguen realizar planos de belleza realista y llenos de naturalidad. Estos aspectos afectan en las escenas tanto inicial como final, perfectas para cada uno de esos momentos, donde los actores, la dirección, la cámara y los movimientos son uno mismo y consiguen combinar con perfección el sentido de crudeza y belleza de la vida.

El trabajo de los actores también merece especial atención porque la joven Brie Larson, que la hemos visto en algunas películas como Scott Pilgrim contra el mundo pero sobre todo viene de la televisión,  destaca por encima de los demás. Es un personaje real, que vive con sus problemas y afronta la vida según se le presentan las adversidades, caracterizado en base a la naturalidad pero con el peso de lo que ha vivido en su consciencia. Todo ello nos lo transmite Larson.  Además, el binomio que crean con John Gallagher Jr., visto sobre todo en la serie The Newsroom, es pura sincronía. Según avanza la película y nos adentramos en sus vidas sientes unas inmensas ganas de gritar: ¡La vida es así!, y les coges de las manos para seguir adelante y querer llegar a una solución. Son magníficos, la verdad.

Es una película dura, no nos engañemos, donde el fondo de la cuestión hace que salga a flote un cúmulo de abusos y malos tratos que nos ablanda el corazón y nos hace caer de golpe en el suelo. Y no solo referente a los actores protagonistas, sino que el grupo de chicos que viven en la casa de acogida, con sus vidas destrozadas y donde aprenden a convivir, son una muestra bastante próxima de la gran variedad de problemas, penurias y desastres que podríamos encontrar a nuestro alrededor si empezáramos a rebuscar. Eso sí, todo camino puede ser reconducido y terminar encontrando un buen final.

 Os la recomendamos sí o sí, es una gran joya que te das cuenta al momento de su perfección.

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