Atlántida Film Fest: Pas à Genève

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Hay películas que no están destinadas para las salas de cine, ni siquiera para las de festivales. Su habitat parece más ubicado en salas de museos dónde pueden provocar fascinación ante espectadores sin exigencias que aspiran a contemplar y no exigir. Algunas de estas obras cómo Pàs à Genève nos llevan a cuestionarnos si todo vale en el mundo del arte y si este tipo de «cine» merece su hueco en festivales internacionales.

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El colectivo audiovisual lacasinegra es el responsable de dar vida y «sentido» a Pas à Genève. Un grupo de realizadores dispuestos a perder su identidad por el bien de un denominador común. Un experimento audiovisual que surge de una invitación de una residencia artística para reunir artistas que dieran distintas visiones de la ciudad de Ginebra. Nace entonces la pretensión del colectivo de capturarlo absolutamente todo. El entorno, el momento, los sonidos y los colores. Una pretensión bastante idealista y difícilmente abarcable que entendemos tendrá su recompensa en un producto final que no llegamos a ver en la película en cuestión. Porque el film Pas à Genève sólo abarca el proceso de captura por parte del colectivo. Durante 60 minutos (y agradecemos que el film no se extienda más) sólo vemos a distintos miembros de lacasinegra grabando con diversos medios el bosque que los rodea. Así mientras uno graba sonidos, otros registran video o fotografías. Los diálogos tardan en llegar y cuando llegan no aportan nada. El film pretende tener conversaciones sobre la crisis financiera o el 15M, pero no pasan de conversaciones vacías de unos jóvenes tirados en el bosque leyendo twitter. Por no decir de lo rídículo que resulta cuando uno de ellos comienza a corear himnos de manifestaciones dando golpes con un palo, mientras supuestamente esta grabando el audio del bosque que le rodea. Puro Arte. O Pura Mierda. Según el ojo crítico que lo vea y lo valore. Porque no pueden parecer más sobrevaloradas las críticas que acompaña Filmin a la página de la película, en las que se la describe como LA GRAN revelación del Festival de Sevilla de Cine Europeo en una edición que se proyectaron joyas como Leviathan, Turist o Cavalo Dinheiro. Entendemos las pretensiones artísticas a las que aspiran los cineastas de este llamado nuevo cine combativo nacional, dónde también ubicamos la película Sueñan los Androides, pero pensamos que impera la sobrevaloración y la ausencia de cine. Y no porque Pas à Genève no siga las normas clásicas de narrativa, sino porque carece de emoción, sentimiento, mensaje y tampoco, afrontémoslo: innovación. Porque montar una película de 60 minutos con imágenes aleatorias de chicos grabando, no rompe ninguna barrera imaginaria autoimpuesta por el colectivo lacasinegra. Esperemos que el mapa audiovisual que han generado de Ginebra cumpla con sus pretensiones de alguna manera que no sea este absurdo film, pero que por favor este colectivo deje de catalogarse a si mismos como cineastas. Porque la historia del cine esta llena de innovación e innovadores, de la ficción y la no ficción, pero lacasinegra se queda en una simple broma.

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