Atlántida Film Fest: Sueñan los Androides

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Una de las películas más esperadas de la sección oficial del Atlántida Film Fest, sin duda era Sueñan los Androides. Pero el film que había levantado tantas voces de alabanza en el pasado festival de Berlín, parece haber dividido a partes iguales al público del festival online. ¿Qué contiene la película de Ion de Sosa que consigue respuestas tan polarizadas?

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Ion De Sosa ha llamado la atención de los medios cinematográficos españoles al colgar el cartel de sin entradas en la sección forum de la Berlinale. Rápidas han sido las voces que se han lanzado a hablar de un nuevo cine español mucho más innovador, rompedor y que tristemente tiene las puertas cerradas en las salas comerciales de su propio país. Muchas de estas voces ni siquiera han llegado a ver la película pero ya los veías con la bandera alzada del low cost y el arte defendiendo al nuevo mesias del cine underground patrio. Lo cierto es que alegra escuchar voces que defienden los productos realizados en nuestras fronteras, pero a veces hay que parar a medir tus propias palabras y sobre todo saber cual es el producto que intentas vender como la nueva esperanza del cine español. Porque quizás las voces que sí han visto el último trabajo de Ion De Sosa y la han encontrado maravillosa, se han desmadrado en elogios desmedidos hasta emborracharse con su propia verborrea. Porque afrontémoslo: tan alta ha sido vuestra borrachera que todo el mundo ha querido beber de vuestro vaso y descubrir la fascinación que triunfó en Berlín. Sin embargo Sueñan los Androides es lo que es, y la realidad es tan triste como la resaca del día de después cuándo descubres que todo lo que habías oído no era más que ruido. Un cine tan low cost, que por tener no tiene nada. Ni actores. Ni historia. Pero sí un insulto hacía la obra original de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela de Phillip K Dick que dio vida a la fantástica Blade Runner. Dos películas tan opuestas que resulta una vergüenza que una de ellas pretenda haber nacido de la misma novela. La película de Ion De Sosa está rodada en Benidorm con un formato cuatro tercios y una cámara de 16mm que hace recordar una estética parecida a los videoclips de la productora Canada. Por desgracia aquí no existe poesía en las imágenes, y nos limitamos a ver viejecitos haciendo ejercicios o bailando en una vieja sala de baile, mientras la historia lo mezcla con imágenes recurso de la ciudad y una serie de persecuciones dónde vemos a una persona armada que va liquidando a una serie de jovenes, a los que suponemos (con la mejor de nuestras intenciones) que son replicantes. Cuando ocurre alguna de estas muertes comienza a sonar flamenco y las imágenes se tornan en videos domésticos familiares de Ion de Sosa pretendiendo que estamos ante las memorias que se desvanecen del replicante muerto. Todo parece grabado gratuitamente y montado sin excusa, ideas, ni pudor, presentando un film vacío que se viste de enigmas absurdos para que la prensa más sesuda saque al director del apuro y la mediocridad. La etiqueta de cine low cost parece aquí más que nunca una nota que justifica el resultado final, cuando en realidad el dinero no cuenta si lo que hay son buenas ideas. Pero en Sueñan los Androides no hay ideas, ni buenas ni malas, solo un ejercicio estético que ha levantado pasiones sin que muchos supieran lo que iban a ver. Por supuesto que Sueñan los Androides no llegará a las salas de cine, aunque quizás alguna sala underground se lance a programarla, pero no será por culpa de los distribuidores o exhibidores españoles, sino de las intenciones de un director que ha buscado el reconocimiento del intelecto antes del reconocimiento profesional.

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