Juventud y suicidios en «Bridgend» – Jeppe Rønde (2015)

BRIDGEND (Jeppe Rønde) - Terriblemente conmovedora, con una historia real detrás, sobre una serie de suicidios en una pequeña población de Gales. Por un guión directo que muestra claramente lo necesario, arriesgado porque fantasea sobre los motivos pero muy acertado en la forma de explicar los personajes y de ubicarlos, Bridgend me emocionó por cómo consigue profundizar tanto en un tema tan negro.
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En la pasada edición del Festival de cine de Gijón (2015) pudimos ver Bridgend una joya danesa que trata un caso real de un pueblo inglés donde desde 2007 se han suicidado más de 90 jóvenes colgándose de los árboles que rodean el pueblo. La película pasó por el Festival de cine de Rotterdam y por el Tribeca film festival de este mismo año, y Gijón nos la trajo a España. Pasando de puntillas por todos ellos consiguió tener opiniones muy favorables debido al caso real y a su tratamiento, y es que el arte con el que han rodeado la historia te introduce cada vez más dentro de ella y el espectador logra entender la conducta de los jóvenes. El director Jeppe Rønde explica el terrible caso real que envuelve desde 2007 el pueblo de Bridgend, al sur de Inglaterra, conocido con el nombre de «Pueblo de la muerte» debido a los más de 90 casos de suicidio juvenil, en su mayoría, que desde ese año hasta la actualidad sacuden a las familias. En la casi totalidad de sus casos, ninguno de los jóvenes dejó nota o explicación de por qué lo hacía, pero lo que si se sabe es que la mayoría se conocían entre sí y con los demás jóvenes del pueblo. Todo este misterio detrás de algo que sucede a menudo en cualquier parte del mundo, ha generado un documental en 2014 sobre el caso y esta película en 2015 dirigida por un danés.

Bridgend

La película empieza cuando Sara llega al pueblo con su padre, oficial de policía, para que investigue unos suicidios que llevan produciéndose sin explicación. La tierna relación que mantienen padre e hija protege a la joven de las malas influencias y la hace ser responsable al tener que ocuparse de la casa. Todo cambia conoce al grupo de jóvenes amigos de los que se han ido suicidando y se enamora de uno de ellos. La historia relata con cercanía y personalidad el acercamiento al grupo y como comparten el dolor públicamente, y como todo ello va ganándose la confianza de Sara y pasa a ser uno de ellos. Podemos decir que al principio de la película lo que buscamos saber es el «Por qué» y al final acabamos pensando «por qué no». Las amistades, las relaciones de adolescentes, los padres y la religión conforman el cuadrado principal desde el que se gesta la noticia. Para explicar todo esto, Rønde cuenta con un guión claro, directo y muy personal que no te das cuenta pero va ganando tu confianza y toda tu atención, hasta el final que es cuando la dura realidad te da en la cara con la bestialidad psicológica de la última escena y los mensajes en negro. Dejando de lado la historia real, la película cuenta magníficamente los sentimientos y su evolución de una chica nueva en el pueblo que llega en medio de un conflicto y como, aunque se resiste, acaba sucumbiendo al grupo. Porque de lo que se trata es de ser un grupo, de no abandonarse, y eso queda muy plasmado en la película en casi todas las escenas porque desde el principio el grupo de jóvenes es el centro de atención de Sara y la cámara se moverá con ella, buscando encajar en el grupo. Uno de los aspecto que más relevancia acaba cogiendo es la frase «dejar el pueblo», sobre todo entre Sara y Jamie, y es que algo que a cualquiera nos puede parecer normal como cambiar de ciudad o de país, incluso, en la película deja muy claro que hay una unión no escrita, una regla, un contrato sentimental entre los jóvenes y el lugar. Sin duda es muy interesante toda la psicología que rodea al caso. La película cuenta además con las magníficas interpretaciones de los jóvenes, partiendo de Hannah Murray (que la seguimos en Juego de Tronos) a los demás miembros del grupo. La actitud que tienen que mostrar de tristeza, apatía, cansancio y amistad por encima de todo se plasma completamente en sus acciones y expresiones. Todos ellos tienen un rol en la película, un lugar, pero muestran tener en común una familia disfuncional, en mayor o menor medida, y es que las familias que aparecen en pantalla no resultan ser lo que sería un modelo de madre, padre e hijos, sino que todos tiene alguna carencia ya sea en miembros o en conducta, y es que además algunas son violentas, con una ética y educación infantil un tanto peculiar. No sabemos cuanto de todo esto es verdad, suponemos que nada ya que las familias en ella representadas no son ninguna en concreto pero si llama la atención si analizamos el film.

A nivel técnico nos encantó la fotografía de la película, las localizaciones y las músicas. Las distintas escenas en las que vemos a los chicos colgados o de preparación o de la ropa de los chicos están tan cargadas de símbolos, de potencia visual y de simplicidad a la vez que nos enamoran a medida que avanza la película. Y como cada vez te metes más dentro, cada vez vas entendiendo más, cada vez vas viendo más, no podemos dejar pasar los planos frente al ordenador de todos los chicos que escriben en un chat secreto. Está claro que a parte de la importancia temática, tanto director como director de fotografía tenían muy claro que no iba a ser un relato plano sobre un caso real sino que lo ha llevado con mucho estilo al terreno personal y ha focalizado magistralmente la atención para formar parte del camino que siguen los adolescentes en esa situación. Está claro que excepto el tema, todo lo que rodea la historia es ficción creada por Rønde, porque no se ha encontrado todavía una explicación clara al «por qué» lo hacían, pero aun así sigue manteniendo en primera plana este terrible suceso para que no se olvide la fragilidad de los niños y adolescentes cuando crecen y lo vulnerables que son a todo lo que les rodea, incluso a su familia. Por último, queremos hablar de la secuencia final de la película y de los baños en el agua del grupo. Ese momento final, cuando después de ver la película has estado asimilando los distintos rituales que hacen al encontrar a un conocido colgado, sigue alimentando la fantasía con la que buscan la explicación a la historia real pero crea una metáfora real que deberíamos aplicar no solo al pueblo de Bridgend sino a muchos otros: Mientras nuestro entorno se destruye, nosotros solo podemos mirar, como testigos, sin poder hacer nada. Y es que, como decíamos, la importancia de la estabilidad que se necesita mientras se está creciendo hace que todo mal comentario, todo mal gesto pueda afecta a nuestra forma de pensar, y un pensamiento malo en un mal momento…En fin, la imagen con la que se cierra la película no hace más que corroborar lo que es: una película ficticia sobre un caso real que sigue existiendo al sur de Gales, que aporta valoraciones personales sobre los motivos pero que en su pretensión de existencia deja claro que busca dar a conocer y sensibilizar al público que lo vea sobre los sucesos. 

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